Quién puede demostrar que el
amor es más fuerte que el dolor, y que un frágil cuerpo puede resistir al
extremo con tal de ver una nueva vida naciendo.
Quien puede soportar el nivel de
presión que demanda pasar un día con un bebé creciendo, explorando, jugando,
saltando, con el único premio de ver su tierna sonrisa, escuchar sus carcajadas
o contemplarle dormido al anochecer.
Quién puede dedicar toda su
vida, veinticuatro horas al día, siete días a la semana, cuatro semanas al mes,
doce meses al año, de manera incondicional a formar otra vida sin recibir
absolutamente nada a cambio.
Quién puede ser a la vez sabia consejera,
chef gourmet, enfermera experta, contadora aficionada, administradora consumada,
guarda de seguridad, paciente maestra, bombero ocasional, recreacionista
inigualable y salvavidas por vocación.
Quién puede trabajar de manera
incansable y sin remuneración, añadiendo a sus ayunos desvelos, a su cansancio
más esfuerzo, a su fatiga más trabajo, sin tener derecho a un descanso, a
vacaciones, ni a sentirse enferma, indispuesta o desanimada.
Quién puede seguir siendo
paciente, abnegada, leal y fiel hasta el final, a pesar de que sus hijos crezcan,
maduren, cambien, la olviden o abandonen; confiando, creyendo y esperando lo
mejor de ellos así muchas veces le fallen.
¿Quién puede amar de esta
manera?
¡Solamente una Madre!
Hoy reconocemos ese amor y
honramos un corazón tan fiel como el corazón de Dios.
“Sus hijos se levantan y la
bendicen. Su marido la alaba: Hay muchas mujeres virtuosas y capaces en el
mundo, ¡Pero tú las superas a todas! ”
Proverbios 31:28,29
