En la antigua Asia,
un hombre proveniente de una pequeña ciudad satélite llamada Colosas, llega a
la ciudad de Éfeso, centro comercial,
cultural y de gobierno de esta región y luego de atender sus negocios asiste a la
escuela de un hombre llamado Tiranno, que era al parecer un salón de
conferencias donde muchos visitantes acostumbraban a escuchar discursos, ver obras de teatro y descansar un poco antes
de emprender el regreso.
De pronto ¡Oh
Sorpresa! La “película” que estaban presentando ese día era el testimonio de un
judío romano un poco extraño, que aseguraba haber tenido un encuentro
transformador con el hijo de Dios.
Saulo de Tarso,
quien ahora decía llamarse Pablo, había arrendado la escuela de Tiranno para
discutir acerca de la Fe ,
desde las once de la mañana hasta las cuatro de la tarde todos los días, labor
que llevó a cabo durante dos años.
Este hombre escucha
el mensaje de Pablo, es tocado por el
poder de Dios, es transformado por el Espíritu Santo y luego de volver a su
comunidad, empieza una nueva obra para el reino de Dios en la ciudad de
Colosas.
Entre los
asistentes a las reuniones en la casa de este hombre que se llamaba Filemón, se encuentra un
criado suyo. Este esclavo más adelante lo defrauda de alguna manera que no
conocemos con precisión, al parecer le roba dinero y huye de su amo.
Un tiempo después
el apóstol Pablo se encuentra en arresto domiciliario en la ciudad de Roma por
cuenta de la fe, allí establece su base de operaciones empezando una
congregación en la cual son impactados aún los de la casa de Cesar.
Por estos tiempos
llega a Roma un prófugo de la justicia que es alcanzado por la palabra del
evangelio en la casa donde Pablo estaba recluido. Este hombre llamado
Onésimo, era el esclavo que escapó de Filemón.
Al parecer Pablo
discipula a Onésimo y este se convierte en un gran colaborador suyo, es
entonces cuando decide escribirle a Filemón una de las cartas más breves que
encontramos en la palabra, pero a la vez una de las más profundas y significativas.
Filemón 1:8-12 Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en
Cristo para mandarte lo que conviene, 9 más bien te ruego por amor, siendo como soy,
Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo; 10 te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré
en mis prisiones, 11 el cual
en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, 12 el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele
como a mí mismo.
Pablo intercede por
Onésimo como por su hijo pues es su Padre espiritual, hace un juego de palabras
con su nombre el cual significa “Útil
o Provechoso”.
El versículo 12 en
algunos manuscritos se traduce como “Te lo vuelvo a enviar, a él que es mis
propias entrañas” lo cual demuestra el gran amor de Pablo. Al devolver al
esclavo a su amo, está cumpliendo con los requisitos de la ley romana, a pesar
de que él quisiera retenerle.
Filemón 1:17 Así que, si me tienes por compañero, recíbele
como a mí mismo. 18 Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi
cuenta. 19 Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré;
por no decirte que aun tú mismo te me debes también.
Esta actitud de
Pablo sólo puede provenir del corazón de Cristo, reconoce que su hijo debe,
pero está dispuesto a pagar por él.
Antes de morir en la cruz, el Señor Jesús dijo “Consumado es”, estaba
utilizando el vocablo griego “Tetelestai” que se usaba para estampar en los
contratos que ya habían sido cancelados y sobre los cuales no existía ninguna
deuda. Su sangre en la cruz fue pago suficiente.
Gracias a la
intervención de Pablo, Onésimo regresa a casa de Filemón y mucho tiempo
después, en el año 110 D.C. encontramos
a un historiador que relata lo que está sucediendo en la ciudad de Éfeso. En un
texto denominado el Texto Ignacio, hace referencia al pastor de la iglesia principal
de la ciudad principal, el centro del
avivamiento de su tiempo, la iglesia más influyente y más importante de esa
época, y el historiador habla del pastor principal de la ciudad principal, EL
BUEN PASTOR ONÉSIMO.
¿Es posible que un
esclavo ladrón y desagradecido, años más tarde esté ocupando la posición más
importante de la iglesia más influyente de su tiempo? Éfeso estaba ubicada en
la actual Turquía, sitio estratégico entre Europa y Asia, entre una confluencia
de culturas. Onésimo estaba ubicado en el lugar más relevante para la invasión
de toda Asia con el Evangelio del Señor. La posición de mayor proyección en los
planes futuros del Señor.
Filemón
1:25 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con
vuestro espíritu. Amén.
¿Crees que hay algo
que hayas hecho que la gracia del Señor no pueda cubrir?, ¿Crees que hay un
pasado tan pesado en tu vida que Dios no puede levantarte? ¿Crees que tu problema
es tan grande que el Señor no puede intervenir? Recibe la gracia de Cristo, recibe la gracia de Jesús!
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Atardecía ya en la
región de Galilea, en una de las cuevas a las afueras de la ciudad, un leproso
se debatía entre su dolor y su miseria, había escuchado que un hombre llamado
Jesús, que decía ser hijo de Dios y hacía grandes milagros estaba pasando por
la ciudad… ¿Habrá alguna oportunidad para mí? se preguntaba, ¿Estará dispuesto
a ayudarme?
Impulsado por una
fuerza que parecía ajena a él mismo se levantó y se encaminó a la ciudad, ir a
ese lugar siempre era humillante pero no le importó, al entrar en territorio
poblado debía anunciar su presencia haciendo sonar una campanilla que siempre
llevaba consigo.
A lo lejos
contempló una multitud infranqueable alrededor del maestro, ¿Me permitirán
llegar hasta él? Se pregunto… Avanzó y
al acercarse se dio cuenta que lo que siempre fue su tristeza, en este momento
se convirtió en una ventaja. Al grito de ¡Impuro! ¡Impuro! La turba fue retirándose
abriéndole paso… ¿me dará él una oportunidad? Yo se que puede, pero ¿querrá
hacerlo?... Se repetía una y otra vez…
Al fin estaba
frente a él y como si pudiese humillarse más cayo de rodillas y puso su rostro
entre la tierra, sin atreverse a mirarlo le dijo con un susurro lleno de temor
reverente… Señor, si quieres, puedes limpiarme…
En un instante toda
una vida de humillaciones pasó delante de sus ojos, espero escuchar una palabra
de rechazo más, pero no fue así… sin atreverse a levantar sus ojos, sintió que
una mano lo tocaba, sintió su calor y su amor, era Jesús que con indescriptible
ternura le decía “Quiero; sé limpio”
Levantó sus ojos
desfigurados que se encontraron con la mirada amorosa del maestro y en un
instante la lepra se fue de él para siempre, abandonando no sólo su cuerpo,
sino también su alma y su corazón...
¿Tienes tú un dolor
mayor que este hombre? ¿Necesitas que la mano de Dios se pose sobre ti? El
Señor te dice Quiero, sé limpio, Quiero se sano! Quiero, sé libre! Recibe la
gracia de Jesús, recibe la gracia de Jesús!
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Por los caminos
polvorientos de Samaria, una mujer de Sicar avanza llevando a cuestas sus
vacíos y frustraciones, lleva sobre sus hombros un cántaro tan vacío como su
propia vida, va al pozo al medio día porque sabe que a esa hora no encontrará a
nadie, no tendrá que saludar, ni conversar, ni responder preguntas inoportunas,
sólo llenar su cántaro con agua que finalmente nunca le saciara.
Mientras camina se
pregunta donde quedaron sus sueños, su juventud, sus ilusiones. Se siente
cansada, cansada de buscar, de esperar mejores días que nunca llegaron, de
buscar una felicidad que se fue como agua entre sus manos.
Ya está cerca del
pozo y como todos los días ella concluye
que esa no es la vida que anhelaba.
Se acerca para comprobar que hay un hombre sentado junto al pozo,
molesta por la intrusión decide ignorarlo, hacer de cuenta que no está allí.
Dame de beber, le
dice el hombre, pero su coraza sigue invulnerable, “ ¿Cómo tú, siendo judío, me
pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no
se tratan entre sí.” afirma con indiferencia.
El hombre que no es
otro que Jesús y conoce la necesidad más profunda de los corazones, le responde
con ternura: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de
beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
Algo pasa en el
corazón de la mujer, un velo se rompe y ve a Jesús como lo que es en
realidad… La mujer le dijo: Señor, no
tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua
viva?
Sé quien eres pero
mi problema es demasiado grande aún para ti, parece decirle… ¿Acaso eres tú
mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo? Las soluciones que
conozco no han podido ayudarme, ¿acaso tu puedes?
Cualquier respuesta
humana que tú busques será momentánea…
Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; sólo yo tengo
la respuesta verdadera a tu necesidad…
mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino
que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida
eterna.
Al
fin la mujer reconoce su necesidad y pide ayuda en la fuente correcta… Señor,
dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
Jesús
la confronta con su realidad, porque no hay forma de sanarnos si no somos
confrontados, la mujer lo evade con un problema teológico, el la escucha y le
responde con paciencia, hasta llevarla al único asunto importante de su
doctrina…
Le
dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga
nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.
La
mujer experimenta una transformación sobrenatural frente al Señor, satisfecha
deja el cántaro que simboliza sus desdichas y su falsa necesidad, y va
corriendo a la ciudad, a contarle a
todos de los que antes se escondía, como fue su encuentro con Jesús. Su manera
de pensar y de vivir nunca serían las mismas.
¿Qué
llevas tú en tu cántaro? ¿Qué es lo que buscas de manera insaciable y con afán?
Jesús te dice hoy… Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice:
Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. ¡Recibe la gracia de Jesús! ¡Recibe la gracia
de Jesús!
Hay
una palabra profética hoy para todos nosotros, una palabra que viene del
corazón de Dios para el nuestro…
Isa 43:16-20 Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas; 17 el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen,
como pabilo quedan apagados.
18 No os
acordéis de las cosas pasadas, ni
traigáis a memoria las cosas antiguas. 19 He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.
20 Las
fieras del campo me honrarán, los
chacales y los pollos del avestruz;
porque daré aguas en el desierto,
ríos en la soledad, para que beba
mi pueblo, mi escogido.