miércoles, octubre 19, 2011

Un Nuevo Comienzo


En la antigua Asia, un hombre proveniente de una pequeña ciudad satélite llamada Colosas, llega a la ciudad de  Éfeso, centro comercial, cultural y de gobierno de esta región y luego de atender sus negocios asiste a la escuela de un hombre llamado Tiranno, que era al parecer un salón de conferencias donde muchos visitantes acostumbraban a escuchar discursos,  ver obras de teatro y descansar un poco antes de emprender el regreso.

De pronto ¡Oh Sorpresa! La “película” que estaban presentando ese día era el testimonio de un judío romano un poco extraño, que aseguraba haber tenido un encuentro transformador con el hijo de Dios.

Saulo de Tarso, quien ahora decía llamarse Pablo, había arrendado la escuela de Tiranno para discutir acerca de la Fe, desde las once de la mañana hasta las cuatro de la tarde todos los días, labor que llevó a cabo durante dos años.

Este hombre escucha el mensaje de Pablo,  es tocado por el poder de Dios, es transformado por el Espíritu Santo y luego de volver a su comunidad, empieza una nueva obra para el reino de Dios en la ciudad de Colosas.

Entre los asistentes a las reuniones en la casa de este hombre  que se llamaba Filemón, se encuentra un criado suyo. Este esclavo más adelante lo defrauda de alguna manera que no conocemos con precisión, al parecer le roba dinero y huye de su amo.

Un tiempo después el apóstol Pablo se encuentra en arresto domiciliario en la ciudad de Roma por cuenta de la fe, allí establece su base de operaciones empezando una congregación en la cual son impactados aún los de la casa de Cesar.

Por estos tiempos llega a Roma un prófugo de la justicia que es alcanzado por la palabra del evangelio en la casa donde Pablo estaba recluido. Este hombre llamado Onésimo, era el esclavo que escapó de Filemón.
Al parecer Pablo discipula a Onésimo y este se convierte en un gran colaborador suyo, es entonces cuando decide escribirle a Filemón una de las cartas más breves que encontramos en la palabra, pero a la vez una de las más profundas y significativas.

Filemón 1:8-12  Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, 9  más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo; 10  te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, 11  el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, 12  el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo.

Pablo intercede por Onésimo como por su hijo pues es su Padre espiritual, hace un juego de palabras con su nombre    el cual significa “Útil o Provechoso”.

El versículo 12 en algunos manuscritos se traduce como “Te lo vuelvo a enviar, a él que es mis propias entrañas” lo cual demuestra el gran amor de Pablo. Al devolver al esclavo a su amo, está cumpliendo con los requisitos de la ley romana, a pesar de que él quisiera retenerle.

Filemón 1:17  Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo. 18  Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. 19  Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también.

Esta actitud de Pablo sólo puede provenir del corazón de Cristo, reconoce que su hijo debe, pero está dispuesto a pagar por él.  Antes de morir en la cruz, el Señor Jesús dijo “Consumado es”, estaba utilizando el vocablo griego “Tetelestai” que se usaba para estampar en los contratos que ya habían sido cancelados y sobre los cuales no existía ninguna deuda. Su sangre en la cruz fue pago suficiente.

Gracias a la intervención de Pablo, Onésimo regresa a casa de Filemón y mucho tiempo después, en el año 110 D.C.  encontramos a un historiador que relata lo que está sucediendo en la ciudad de Éfeso. En un texto denominado el Texto Ignacio, hace referencia al pastor de la iglesia principal de la ciudad principal,  el centro del avivamiento de su tiempo, la iglesia más influyente y más importante de esa época, y el historiador habla del pastor principal de la ciudad principal, EL BUEN PASTOR ONÉSIMO.
¿Es posible que un esclavo ladrón y desagradecido, años más tarde esté ocupando la posición más importante de la iglesia más influyente de su tiempo? Éfeso estaba ubicada en la actual Turquía, sitio estratégico entre Europa y Asia, entre una confluencia de culturas. Onésimo estaba ubicado en el lugar más relevante para la invasión de toda Asia con el Evangelio del Señor. La posición de mayor proyección en los planes futuros del Señor.

Filemón 1:25  La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.

La Gracia de Jesucristo es la protagonista de esta historia y esa gracia está disponible para ti hoy.
¿Crees que hay algo que hayas hecho que la gracia del Señor no pueda cubrir?, ¿Crees que hay un pasado tan pesado en tu vida que Dios no puede levantarte? ¿Crees que tu problema es tan grande que el Señor no puede intervenir? Recibe la gracia de Cristo, recibe la gracia de Jesús!

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Atardecía ya en la región de Galilea, en una de las cuevas a las afueras de la ciudad, un leproso se debatía entre su dolor y su miseria, había escuchado que un hombre llamado Jesús, que decía ser hijo de Dios y hacía grandes milagros estaba pasando por la ciudad… ¿Habrá alguna oportunidad para mí? se preguntaba, ¿Estará dispuesto a ayudarme?

Impulsado por una fuerza que parecía ajena a él mismo se levantó y se encaminó a la ciudad, ir a ese lugar siempre era humillante pero no le importó, al entrar en territorio poblado debía anunciar su presencia haciendo sonar una campanilla que siempre llevaba consigo.

A lo lejos contempló una multitud infranqueable alrededor del maestro, ¿Me permitirán llegar hasta él? Se pregunto…  Avanzó y al acercarse se dio cuenta que lo que siempre fue su tristeza, en este momento se convirtió en una ventaja. Al grito de ¡Impuro! ¡Impuro! La turba fue retirándose abriéndole paso… ¿me dará él una oportunidad? Yo se que puede, pero ¿querrá hacerlo?... Se repetía una y otra vez…
Al fin estaba frente a él y como si pudiese humillarse más cayo de rodillas y puso su rostro entre la tierra, sin atreverse a mirarlo le dijo con un susurro lleno de temor reverente… Señor, si quieres, puedes limpiarme…
En un instante toda una vida de humillaciones pasó delante de sus ojos, espero escuchar una palabra de rechazo más, pero no fue así… sin atreverse a levantar sus ojos, sintió que una mano lo tocaba, sintió su calor y su amor, era Jesús que con indescriptible ternura le decía “Quiero; sé limpio”

Levantó sus ojos desfigurados que se encontraron con la mirada amorosa del maestro y en un instante la lepra se fue de él para siempre, abandonando no sólo su cuerpo, sino también su alma y su corazón...

¿Tienes tú un dolor mayor que este hombre? ¿Necesitas que la mano de Dios se pose sobre ti? El Señor te dice Quiero, sé limpio, Quiero se sano! Quiero, sé libre! Recibe la gracia de Jesús, recibe la gracia de Jesús!

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Por los caminos polvorientos de Samaria, una mujer de Sicar avanza llevando a cuestas sus vacíos y frustraciones, lleva sobre sus hombros un cántaro tan vacío como su propia vida, va al pozo al medio día porque sabe que a esa hora no encontrará a nadie, no tendrá que saludar, ni conversar, ni responder preguntas inoportunas, sólo llenar su cántaro con agua que finalmente nunca le saciara.

Mientras camina se pregunta donde quedaron sus sueños, su juventud, sus ilusiones. Se siente cansada, cansada de buscar, de esperar mejores días que nunca llegaron, de buscar una felicidad que se fue como agua entre sus manos.

Ya está cerca del pozo y como todos los días ella concluye  que esa no es la vida que anhelaba.  Se acerca para comprobar que hay un hombre sentado junto al pozo, molesta por la intrusión decide ignorarlo, hacer de cuenta que no está allí.

Dame de beber, le dice el hombre, pero su coraza sigue invulnerable, “ ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.” afirma con indiferencia.

El hombre que no es otro que Jesús y conoce la necesidad más profunda de los corazones, le responde con ternura: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.

Algo pasa en el corazón de la mujer, un velo se rompe y ve a Jesús como lo que es en realidad…  La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?

Sé quien eres pero mi problema es demasiado grande aún para ti, parece decirle… ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo? Las soluciones que conozco no han podido ayudarme, ¿acaso tu puedes?

Cualquier respuesta humana que tú busques será momentánea…  Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; sólo yo tengo la respuesta verdadera a tu necesidad…  mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

Al fin la mujer reconoce su necesidad y pide ayuda en la fuente correcta… Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
Jesús la confronta con su realidad, porque no hay forma de sanarnos si no somos confrontados, la mujer lo evade con un problema teológico, el la escucha y le responde con paciencia, hasta llevarla al único asunto importante de su doctrina…
Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.
La mujer experimenta una transformación sobrenatural frente al Señor, satisfecha deja el cántaro que simboliza sus desdichas y su falsa necesidad, y va corriendo a la ciudad,  a contarle a todos de los que antes se escondía, como fue su encuentro con Jesús. Su manera de pensar y de vivir nunca serían las mismas.
¿Qué llevas tú en tu cántaro? ¿Qué es lo que buscas de manera insaciable y con afán? Jesús te dice hoy… Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.  ¡Recibe la gracia de Jesús! ¡Recibe la gracia de Jesús!

Hay una palabra profética hoy para todos nosotros, una palabra que viene del corazón de Dios para el nuestro…

Isa 43:16-20  Así dice Jehová,  el que abre camino en el mar,  y senda en las aguas impetuosas; 17  el que saca carro y caballo,  ejército y fuerza;  caen juntamente para no levantarse;  fenecen,  como pabilo quedan apagados.
18  No os acordéis de las cosas pasadas,  ni traigáis a memoria las cosas antiguas. 19  He aquí que yo hago cosa nueva;  pronto saldrá a luz;   ¿no la conoceréis?  Otra vez abriré camino en el desierto,  y ríos en la soledad.
20  Las fieras del campo me honrarán,  los chacales y los pollos del avestruz;  porque daré aguas en el desierto,  ríos en la soledad,  para que beba mi pueblo,  mi escogido.







Tiempo de Versos



Quiero compartirles algunos poemas que me permitieron ganar un segundo lugar en el VI Concurso de Poesía, en el marco del X Festival Internacional de Poesía de Cali.



LLEGADA 
Vengo navegando,
por la orilla azul del mundo
por el horizonte,
bañado con la luz de mil relámpagos.

Vengo con mi barca,
cargada de olivos, de azahares,
de sueños que me regaló el invierno,
de todas las maderas que crecen en la tierra,
de todos los perfumes de sus selvas.

Vengo con mis velas,
henchidas por el viento de los mares,
templadas a la luz de las estrellas.

Vengo a encontrarme con mis versos,
a descubrir de que estoy hecho,
que materia es la que corre dentro de mis venas.

Vengo a decirles,
que habrá lluvia cuando termine el verano,
que habrá flores cuando pueda volver la primavera.

Vengo a regalarles,
el color del arco iris,
la luz de mil luceros,
la música del viento,
la canción del agua,
este canto que sabe a madrugada,
y estos versos tan sencillos como hierba.

ESENCIA 
Quiebra la noche solitaria,
junto al mar ambarino su vaso de estrellas,
vuelan destellos moribundos,
rumor de olas furiosas sobre el acantilado,
espuma blanca que sacia la sed de la arena.

A lo lejos,
un Cormorán explota sabiamente la luz que agoniza,
estrella sus alas cansadas contra el mar de sus sueños,
buscando bajo el agua doradas esperanzas.

Flota sobre el viento un Albatros distraído,
danza dulcemente abrazando la brisa,
se sumerge en sus caricias inmóvil y sereno,
mientras la luna naciente se deshace en murmullos
y adormece las aguas en mil besos de plata.

 MI CORAZÓN 
Arde mi corazón como una antorcha,
erguida sobre heladas tempestades,
conquistando con su fuego incansable,
las más desoladas estepas.

Grita mi corazón,
espada aguda traspasando la piedra,
doblegando el acero,
quebrantando uno  a uno,
los barrotes milenarios de su celda.

Canta mi corazón,
Ruiseñor ebrio de madrugadas,
Gaviota danzarina que se bebe el cielo dibujando el mar,
con la sombra imbatible de sus alas.

CUANDO ESTÉS CONMIGO 
Déjame entrar en tus ojos,
déjame buscar,
un sueño que perdí sembrando estrellas.

Déjame abrazar la tarde,
en tu regazo,
en tu vibrante corazón alado.

Deja que me refugie,
en tus manos,
en el profundo mar de tu mirada.

Deja que cada noche,
en cada sueño tuyo,
en tus parpados cerrados me quede dormido.


CONATO DE SONETO 
Quise escribir un soneto para ti
al estilo Francisco de Quevedo,
y tuve que rendirme pues no puedo;
¡Tanta rima no se hizo para mí!

En cuartetos y tercetos me perdí,
y de arruinar mis versos tuve miedo,
entonces preferí estarme muy quedo,
expresarme de otra forma para ti.

Endecasílabos según la norma
poética del más alto calibre,
debían ser mis versos en su forma.

De rimas consonantes ¡Dios me libre!
lo siento pero esa no es mi horma,
prefiero declararme en verso libre.