viernes, enero 14, 2011

La Vida del Espíritu… y el lenguaje espiritual… Una perspectiva bíblica.

Si yo estuviera escribiendo en mandarín a los lectores de este blog, la mayoría de ellos podría hacer algún comentario acerca de los trazos de los caracteres, opinar sobre sus rasgos, diseño y generalidades de forma, pero poco o nada podrían decirme acerca del fondo de mi mensaje, porque sólo algunos privilegiados podrían entenderlo.

He estado leyendo con inquietud varias ponencias y artículos de destacados escépticos que basan sus apreciaciones en los postulados de la Biblia. Felicito sus disertaciones porque hacen gala de conocimientos profundos de la Palabra y de una capacidad de estudio que envidiarían muchos creyentes, pero me veo en la necesidad de aclararles que ni sus conocimientos profundos, ni su capacidad de estudio les permitirán comprender los pensamientos contenidos en la Biblia, porque carecen de un elemento fundamental sin el cual les es imposible entenderla.

Dado que ellos se han basado en la Biblia para esgrimir sus argumentos, si me lo permiten, yo tomaré el mismo material para llevar a cabo esta aclaración.

13De estas cosas hablamos, no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.
14Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. (Primera Carta del Apóstol Pablo a los Corintios Cap. 2:13-14)




La Biblia, siendo la Palabra de Dios, es en esencia espiritual, y si el hombre natural no puede percibir las cosas del Espíritu de Dios, no puede percibir los pensamientos contenidos en la Biblia, y no la puede entender, porque se ha de discernir espiritualmente.


Pero, vamos por partes, ¿Qué es el hombre natural?

A pesar del pensamiento científico que sólo acepta dos componentes en la conformación del ser humano como tal, a saber, cuerpo físico y alma o psiquis, el apóstol Pablo en una cosmovisión ontológica que es igualmente válida a la de cualquiera de los pensadores de la antigüedad, plantea que el hombre es un ser tripartito, compuesto por tres áreas básicas que son en esencia cuerpo (soma), alma (psique) y espíritu (pneuma).

Para Pablo de Tarso, el hombre natural es aquel que carece de vida espiritual. Su cuerpo físico actúa impelido por un alma racional que está conformada de manera tripartita por intelecto, emociones y voluntad, pero no posee la verdadera vida espiritual de Dios.

El espíritu (pneuma), está conformado por tres componentes que son a la vez funciones y que por sus características podemos llamar intuición, conciencia y comunión. La intuición es la capacidad inherente a todo ser humano de buscar y percibir en mayor o menor grado el mundo espiritual. La conciencia es un atisbo de la presencia del Espíritu de Dios en el ser humano, perceptible en los individuos naturales como una débil voz interior y en los creyentes como la voz directiva de Dios en sus corazones. La comunión es el nivel más profundo de la vida espiritual, es el espacio de encuentro entre el creador y su creación y el lugar espiritual donde se manifiesta a plenitud la presencia de Dios en los creyentes con sus directrices y revelaciones.

Los escritos de algunos respetables escépticos que he leido, me hacen pensar en las palabras dirigidas a Jesús por Nicodemo, hombre sabio de su tiempo, pero ignorante acerca de los asuntos espirituales más sencillos.


Nicodemo pertenecía a la secta judía de los Fariseos, el grupo con mayor autoridad religiosa, social y aún política, obviamente relativa bajo la sombra del imperio romano. Además de fariseo, Nicodemo era miembro sobresaliente del SANEDRÍN, la elite con autoridad suprema de este grupo. Su posición eminente le hacía dueño de la capacidad de entender a Dios, interpretar su palabra y ser guarda celoso de sus más preciadas leyes.

Pero, a esta lumbrera intelectual de su tiempo, un humilde carpintero de Nazareth le dijo… “sabes una cosa Nicodemo, para poder ver el Reino de Dios, te es necesario nacer de nuevo”. El gran pensador, basado en una preclara inteligencia muy similar a la de los mencionados escépticos, PENSÓ de una manera RACIONAL y concluyó su elucubración diciendo que le era imposible hacerse pequeño, entrar de nuevo en el vientre de su madre y volver a nacer. ¡Cómo riñe la sencillez de una revelación espiritual con la supremacía de nuestros obtusos razonamientos humanos!

“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Te es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.” Esa fue la sencilla y profunda respuesta del carpintero…

Nicodemo le miró perplejo, su condicionamiento seudointelectual, sus arraigados esquemas mentales no le permitían comprender la información recibida…

¿Cómo puede hacerse esto? Preguntó Nicodemo.

Una vez más, la mirada amorosa de Jesús le traspasó las entrañas… ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? … Si te he dicho cosas terrenales, y no crees, ¿cómo creerás si te dijera las celestiales?

Nicodemo, un hombre noble, sabio, inteligente, notable entre los hombres de su tiempo, con buenas intenciones y la mejor actitud, estaba equivocado. Pensaba que podía entender las cosas espirituales desde los terrenos intelectuales del alma.


Bertrand Russell en “Por qué no soy cristiano”, Friedrich Nietzsche en su famoso “Anticristo”, Erich Fromm en “El miedo a la libertad”, y otros escépticos modernos, han caído en el mismo error de Nicodemo.

Es imposible entender el lenguaje espiritual desde una perspectiva intelectual. Estos hombres notables son niños de preescolar balbuceando verdades bíblicas que no comprenden. Me asombra verles debatir sobre pasajes bíblicos con una percepción totalmente distorsionada y por demás infantil. Su interpretación no tiene el más mínimo asidero de realidad.

Bien lo dijo Pablo de Tarso, “… el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.

Pero Nicodemo no se quedó allí, su sed de conocer la verdad le llevó a recibir el regalo de la vida espiritual de manos del humilde carpintero de Nazareth, nació de nuevo, sus ojos espirituales fueron abiertos y conoció la verdad revelada en la persona de Jesús.

Por todo lo anterior, apreciados escépticos, no acepto ninguno de sus argumentos racionales pues están basados en una total ignorancia espiritual. No pueden hablar de aquello que no conocen y mucho menos entienden.

Si quieren tener argumentos para hablar acerca de nuestro buen Dios, primero acérquense a él y conózcanle. La vida cristiana no se basa en palabras o historias, se basa en la relación con una persona divina llamada Jesús. Algún día, créanlo o no, acéptenlo o no, estarán frente a la mirada amorosa que traspasó a Nicodemo hasta las entrañas, entonces podrán, no sólo hablar de él, podrán hablarle a él.


Carlos Alberto Méndez Guzmán





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